jueves, 22 de octubre de 2009

José Ángel García




Más allá de su capacidad para transmitir y multiplicar la emoción humana, el lenguaje es también, y por sí mismo, una fuente independiente de emociones. Esta apuesta por la «autonomía» del lenguaje en la creación literaria, tan cara a los poetas españoles de la misma «generación de los setenta» a la que pertenece nuestro autor, constituye el epicentro originario de la obra poética del «enconquensado» José Ángel García (Madrid, 1948). Semejante actitud le ha permitido afrontar la creación literaria con un sentido lúdico y con una arriesgada vocación de ruptura más que evidentes, que cuelgan su trayectoria del espíritu de la vanguardia.
Sin embargo, nuestro protagonista ha logrado integrar en su particular manera de entender el poema como un construcción especialmente intelectual, similar a una pieza de orfebrería, sus irónicas visiones de lo cotidiano, manejando con ello materiales muy del gusto de los poetas de la generación de los ochenta,
Cabalgando, pues, sobre dos opciones stéticas distintas, José Ángel García ha logrado hacer de su poesía una síntesis muy propia de las sensibilidades de dos generaciones diferentes que la historiografía generacional ha acabado convirtiendo en apuestas enfrentadas.
Con Llámalo viaje, y de la mano del poeta Francisco Mora, el Toro de Barro ha pretendido recapitular sobre una aventura –la suya– que el mismo Toro ayudó a iniciar cuando, allá por 1977, sacó adelante su primer libro de poemas con las controvertidas Cuatro cosas de mi gato y otras más, y cuando, corriendo el año 2002, arrimó su pergamino para anotar en él El día que todas las mujeres del mundo me desearon. Una aventura, en fin, que nos acaba de entregar, en este mismo 2009 que culmina, su Digo yo que dices tú (2009), después de dejarnos títulos tan singulares como Cómico en faena en lona de palabras, Borrador de Tránsitos, Ritmos de luz y sombras, Poemas para un jardín, Sólo pájaros en vuelo y, finalmente, Itinerarios. Su poesía ha merecido prestigiosos premios y ha sido antologada por Alfredo Villaverde –Cien poetas de Castilla La Mancha– y por Miguel Casado –Mar interior–. El poeta, así mismo, ha cultivado la narrativa y el periodismo de información y el cultural, ocupando actualmente la dirección de las páginas culturales de todas las cabeceras del Grupo periodístico El Día y un sillón en la Real Academia Conquense de las Artes y las Letras.
Ya sólo queda levantar la copa.
Y dejarla en el aire.







Biografía de José Ángel García......Poemas de José Ángel García
Estudios sobre la obra de José Ángel García
Libros de José Ángel García publicados por El Toro de Barro.

martes, 25 de septiembre de 2007

Rosa Alice Branco



Rosa Alice Branco ha estudiado Filosofía del Conocimiento en la Universidad Nueva de Lisboa y enseña Psicología de la Percepción en la Escuela Superior de Artes y Diseño. Ha participado en el Grupo de Estudios de Semiótica y Poética de Oporto, colaborando en la revista Figuras. Actualmente co-dirige la revista Limiar en Oporto, junto con Fernando Guimaraes y Laureano Silveira.
Tiene publicados los siguientes libros de poesía: A Mulher Amada (1982), Animais da terra (1988); Monadologia breve (1991); A mão feliz. Poemas D(e)ícticos (1994), O único traço do pincel (1997) Caligrafía (El Toro de Barro, 2001), y Da Alma e dos Espíritos Animais
(2001). También es autora de los ensayos O que falta ao Mundo para ser Quadro (1993) y A Percepçao Visual em Berkeley (Fundaçao Eng. António de Almeida, 1998).




Junto a la biografía de Rosa Alice Branco, el lector puede detenerse en los poemas de su
Caligrafía, editados en el año 2001 por El Toro de Barro en su colección Cuadernos del Mediterráneo.






lunes, 24 de septiembre de 2007

Egito Gonçalves




El poeta portugués Egito Gonçalves nació en Matosinhos en 1920 y murió en Oporto a finales del 2000, ciudad en la que vivía desde 1948. Cuenta en su haber con más de veinte libros de poesía, compaginando su faceta poética con la de traductor. Su obra poética fue incluida en numerosas antologías y traducida y editada en Francia, Estados Unidos, Polonia, Turquía, Suecia, Canadá, España, Bulgaria, Finlandia... Miembro directivo de varios organismos culturales, como la Asociación Portuguesa de Escritores, la Sociedad Portuguesa de Autores, el PEN Clube Portugués o la Hispanic Society of América, recibió del Estado portugués por sus méritos literarios la membresía de la Orden del Infante D. Enrique.
Sus primeros libros de poesía nos hablan de un realismo circunstancial, con toques de melancolía y ternura. A partir de 1952 se despliega con fuerza su universo metafórico, sobre todo en el tema erótico/amoroso. El amor es visto desde un planteamiento de lucha, bien como amor-refugio, bien como amor-asedio. Su poesía se orientó desde entonces, como observó el crítico Óscar Lopes, hacia "las relaciones existentes entre el amor y una necesaria sociabilidad más profunda", a la que unió una imaginación combativa y muchas veces sarcástiscas y una delicada sensibilidad.
Publicó los siguientes libros:Poemas para os companheiros da ilha (1950); Um homem na neblina (1950); A evasão possível (1952); O vagabundo decepado (1957); A viagem com o teu rosto (1958); Memória de Setembro (1960); Diário obsessivo (1962); Os arquivos do silêncio (1963); O fósforo na palha (1970); O amor desagua em delta (1971); Destruição: dos pontos (1973); Luz vegetal (1975); Os limites da sombra (1976); As zonas quentes do inverno (1977); A nordeste de Junho (1977); Poemas políticos, 1952-1979 (1980); Os pássaros mudam no Outono (1981); Falo da vertigem (1983); Notícias do bloqueio (1983); Dedikatória (1989); O pêndulo afectivo (1991); E no entanto move-se (1995); Lettera amorosa (1996); Correspondência (1998); O mapa do tesouro (1998), y A ferida amável (2000), poemario este último al que pertenecen los poemas de
La cicatriz que, traducidos por Mercedes Escolano, fueron editados a modo de póstumo homenaje por el Toro de Barro a comienzos del 2001, para ser incluidos en la antología internacional de poesía que, bajo el título de Treze, la misma editorial sacó adelante el año 2003 en la colección Cuadernos del Mediterráneo.









(Siguiendo los vínculos que aparecen escritos en letras más oscuras, del color de la tierra,
el lector puede detenerse en su biografía o adentrarse en los poemas de amor que hicieron posible su Cicatriz)


miércoles, 22 de agosto de 2007

Carlos de la Rica


En modo alguno es fácil encardinar la biografía de Carlos de la Rica (1929-1997), un poeta que se involucró con extremada pasión en muchas aventuras que, en principio, poco o nada tenían que ver entre sí, salvo el haber encontrado su común fuerza originaria en su vocación sacerdotal. Como sacerdote que fue hasta su misma muerte, compaginó sus tareas al frente de Carboneras del Guadazaón con un sólido activismo intelectual orientado a fortalecer las relaciones entre las tres grandes religiones del monoteismo. Hijo del II Concilio Vaticano, gastó muchos cartuchos de su vida en la lucha contra la dictadura franquista, procurando la aceptación por los partidos de izquierda con los que él simpatizaba de la solución monárquica al problema español y el establecimiento de sólidas relaciones con el recién creado Estado de Israel.
Comenzó su carrera literaria cuando no era más que un seminarista rubio que se postulaba para el sacerdocio en el Seminario conquense de San Julián. Sus comprometedores vínculos inciales con las vanguardias del postismo -movimiento poético sobre el que el lector puede encontrar aquí interesantes y muy sólidas reflexiones- estuvieron a punto de costarle su carrera sacerdotal, enfrentándole con la jerarquía católica y con las grandes voces de la poesía eclesiástica. Posteriormente, sus ilusionadas tareas en favor del nuevo realismo no tremendista forjado en torno a las revistas Deucalión y El Pájaro de Paja, y que la historiografía ha dado en catalogar como «realismo mágico», le supuso la difinitiva ruptura con la poesía sacerdotal y la desconfiada aceptación de su persona entre los poetas entonces dedicados a hacer de la poesía un gesto político de lucha antifascista. Una simple lectura de los poemas de Ciudadela -escrita en esa década, pero publicada por miedo muchos años después, en 1995- y La Casa (1960), son elcuentes testigos de aquellas tempranas aventuras, y el cimiento primordial sin el que ya nunca podría entenderse la solided de su particularísima obra literaria.
Ya entrados los años sesenta, su obstinado empeño en utilizar los grandes mitos del clasicismo griego y los guiños de la vanguardia en su poesía política -el «realismo mitológico»- fracturó casi definitivamente sus relaciones con los poetas sociales de la época sin que, como consecuenca de su vocación humanista, le fueran abiertas las de las nuevas generaciones que, desde finales de los años sesenta, hicieron del culturalismo la seña dominante de una nueva identidad generacional. Este sesgo comprometido, que tuvo en Edipo el rey (1965) y Poemas junto a un pueblo (1977) sus mejores realizaciones, le condujo así -de nuevo- a la exclusión en los años setenta por parte de quines nunca vieron en él el mejor y más antiguo de sus precursores.
En sus últimos años, Carlos de la Rica inició un incesante «camino de retorno» hacia sus orígenes vanguardistas con sus Poemas de amar y pasar (1982) y su Oficio de alquimista (1995), que se completó con ese gigantesco homenaje a la cultura clásica grecolatina y judeocristiana que fueron sus Juegos del Mediterráneo, publicado algunos años después de su muerte. Semejante reencuentro dejó a su paso algunos hermosos esquejes neopostistas, como la aparición del grupo poético de «La Camama» protagonizado por José del Saz Orozo, Manuel San Martín, Carlos Asorey y Luis Lloret, que tuvo en la ya legendaria aventura editorial de Carlos de la Rica, «El Toro de Barro», el más compromotido de sus epicentros en una década que, como la de los ochenta, era escasamente proclive para este tipo de aventuras.
Es, precisamente, «El Toro de Barro» una de sus mas duraderas creaciones. El sello, nacido en 1965, es hoy el segundo más antiguo de España, y uno de los diez más antiguos del mundo dedicado a la poesía. Desde sus comienzos, el poeta y sacerdote Carlos de la Rica imprimió a su sueño editorial un impulso renovador que le llevó a poner en valor a los maestros de las vanguardias postistas como Ángel Crespo, Gabino Alejando Carriedo, Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory y a impulsar el espíritu de las vanguardias entre las generaciones más jévenes de la poesía española. Ese vínculo temprano y emocional imprimió carácter al mítico sello conquense, que supo hacer frente a los aires avasalladores de distintas generaciones literarias manteniendo intacta las tradiciones vanguardistas y el peso de una poesía capaz de mantenerse indemne de las circunstancias del tiempo. Como suele ocurrir con todos los heterodoxos, Carlos de la Rica yace olvidado en una tumba clásica en el pueblecito conquense de Carboneras del Guadazaón, como la principal prueba de cargo de que también los dioses se olvidan de sus héroes....

sábado, 18 de agosto de 2007

Eduardo Chicharro


Hijo de Eduardo Chicharro Agüera, afamado pintor de cámara de Alfonso XIII, el poeta Eduardo Chicharro –Chebé para los amigos–, nace en Madrid el 13 de julio de 1905. Su infancia y juventud transcurre en Italia, donde su padre ejerce como director de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma. Desde esa atalaya del Janículo romano se inicia en la pintura. Ya en Madrid, ejercerá como profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios y como profesor de Pedagogía del Dibujo en la Escuela de San Fernando de Madrid. Casado entonces con la gran pintora Italiana Nanda Papiri, funda en 1945, junto a Carlos Edmundo de Ory y Silvano Sernesi, el Postismo, un movimiento estético-literario que se sustancia en una revisión singularísima de los presupuestos futuristas, cubistas, dadaístas y, sobre todo, surrealistas, que tendría en la revista del mismo nombre y La cerbatana sus máximas realizaciones. Entre el reclamo profesional de los pinceles y la más profunda llamada de la poesía, su verdadera vocación, permanece en Madrid hasta su muerte, acaecida en 1964.
Publicó junto a Ory Las patitas de la sombra (1945). Escribiría Tetralogía (1949-1950), Cartas de noche (1950-1960) y Música celestial (1957). Poco después de su muerte, El Toro de Barro publicó su primera y única antología hasta la fecha, Algunos poemas (1965), preparada por Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, y acaba de volverlo a hacer con la edición de 13 sonetos 13 en los Cuadernos del Mediterráneo, a modo de homenaje a uno de los maestros fundamentales de su tradición literaria.




Carlos Morales

lunes, 13 de agosto de 2007

David Escobar Galindo

El poeta, novelista y jurista salvadoreño David Escobar Galindo nació en 1943. Consiguió el doctorado en Jurisprudencia y Ciencias sociales en la Universidad de El Salvador, y fundó la Universidad Dr. José Matías Delgado, que actualmente dirige como Rector. Es Director Presidente de la Real Academia de la Lengua salvadoreña, y participa activamente como columnista del diario La Prensa Gráfica, el más importante del mundo periodístico salvadoreño. En su biografía personal, destaca su relevantísimo papel jugado en los distintos procesos de negociación que, entre 1990 y 1992, pusieron fin a la terrible Guerra Civil de El Salvador.
Como escritor, ha cultivado todos los géneros literarios, hasta el punto de convertirse en uno de los autores más prolíficos y venerados de la cultura salvadoreña. Entre su larga producción literaria, y al lado mismo de El despertar del viento –publicado por El Toro de Barro en 1972– pueden destacarse algunos poemarios como Duelo y ceremonial por la violencia (1972), Memoria de España (1972), Cornamusa (1975), El corazón de cuatro espejos (1972), El Libro de Lilian (1976), Sonetos de la sal y la ceniza (1979), Sonetos penitenciales (1980), Árbol sin Tregua (1996), Oración en la Guerra (1989), El venado y el colibrí (1996) y la novela Una Grieta en el Agua (1972). Además ha preparado varias antologías poéticas como El Arbol de Todos, Lecturas Hispanoamericanas (1979) y Páginas Patrióticas Salvadoreñas (1988).
El epicentro de su poesía es el gigantesco y dramático escenario de violencia que ha atravesado su patria desde finales del siglo pasado y, aunque ha cultivado los formas literarias más tradicionales como el soneto, su poesía alcanza realmente su máximo esplendor en los territorios en los que el versolibrismo se pone al servicio de la cotidianidad o sondea en las habitaciones oscuras del pasado con un gesto siempre elegante de melancolía.




Carlos Morales


(El lector puede contemplar en este espacio una Biografía del escritor salvadoreño David Escobar Galindo; puede también disfrutar de una Breve antología poética o interesarse por los libros publicados por este autor en los talleres de El Toro de Barro.
Los vínculos y enlaces, aparecen implícitos en los textos, con caracteres más oscuros)


Naim Araidy